El profeta Oseas

El profeta como signo del amor de Dios hacia su pueblo
Os 1,1-9; 3,1-5
Palabra del Señor que recibió Oseas, hijo de Beeri, durante los reinados de Ozías, Yotam, Ajaz y Ezequías en Judá, y de Jeroboam, hijo de Joás, en Israel.
Comienzan las palabras del Señor a Oseas: Dijo el Señor a Oseas:
«Anda, toma una mujer prostituta e hijos de prostitución, porque toda la tierra se ha prostituido, apartándose del Señor.»
Él fue y tomó a Gomer, hija de Diblaim, la cual concibió y le parió un hijo. El Señor le dijo:
«Llámale Yezrael, porque muy pronto tomaré cuentas de la sangre de Yezrael a la casa de Yehú, y pondré fin al reino de Israel. Aquel día romperé el arco de Israel en el valle de Yezrael.»
Ella volvió a concebir y parió una hija. El Señor le dijo:
«Llámala No-compadecida, porque ya no me compadeceré de la casa de Israel. Pero de la casa de Judá me compadeceré y la salvaré por el Señor, su Dios; no los salvaré con arcos ni espadas, ni batallas ni caballos ni jinetes.»
Gomer destetó a No-compadecida, y concibió y parió un hijo. Dijo el Señor:
«Llámale No-es-mi-pueblo, porque vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré para vosotros El-Que-Soy.»
Me dijo el Señor:
«Vete otra vez, ama a una mujer amante de otro y adúltera, como ama el Señor a los israelitas, a pesar de que siguen a dioses ajenos, golosos de tortas de uva.»
Me la compré por quince pesos de plata, y fanega y media de cebada, y le dije:
«Muchos años vivirás conmigo; no fornicarás ni estarás con hombre alguno, ni yo estaré contigo.»
Porque muchos años vivirán los israelitas sin rey y sin príncipe, sin sacrificios y sin estelas, sin imágenes ni amuletos. Después volverán a buscar los israelitas al Señor, su Dios, y a David, su rey; temblando acudirán al Señor y su riqueza, al final de los tiempos.
Castigo y futura restauración de la esposa del Señor
Os 2,4.8-25
Así dice el Señor:
«Poned pleito contra vuestra madre, ponedle pleito. Porque ella no es mi mujer, y yo no soy su marido, para que se quite de la cara sus fornicaciones.
Pero: Aquí estoy; voy a cercar tu sendero con espinos, derribaré tus tapias, y no encontrarás tu camino. Perseguirás a tus amantes, y no los hallarás; los buscarás, y no los encontrarás; y entonces dirás: "Voy a volver a mi marido, al primero, porque entonces me iba mejor que ahora." Y ella no comprendía que era yo quien le daba el trigo y el vino y el aceite. Yo multiplicaba su plata, y ella con el oro se hacía ídolos.
Por eso, me volveré atrás, le quitaré mi trigo en su sazón, mi vino en su tiempo, le arrancaré mi lana y mi lino, con que cubría su desnudez. Descubriré su infamia ante sus amantes, y nadie la librará de mi mano; pondré fin a sus alegrías, sus fiestas, sus novilunios, sus sábados y todas sus solemnidades. Secaré su vid y su higuera, de los que decía: "Éstos son mi paga; me lo dieron mis amantes." Los volveré selva y matorrales, y los devorarán las alimañas. Le tomaré cuentas por las fiestas de los ídolos, cuando les ofrecía incienso, enjoyándose para ir con sus amantes, olvidada de mí. -Oráculo del Señor-.
Pero yo la cortejaré, me la llevaré al desierto, le hablaré al corazón. Le regalaré sus antiguos huertos, el Valle de la Desgracia lo haré Paso de la Esperanza, y me responderá allí como en los días de su juventud, como el día en que la saqué de Egipto.
Aquel día -oráculo del Señor-, me llamará Esposo mío, no me llamará ídolo mío. Arrancaré de su boca los nombres de los ídolos, y no se acordará más de invocarlos. Aquel día, haré para ellos una alianza, con las fieras del campo y las aves del cielo y los reptiles de la tierra. Romperé en su país arco, espada y armas, y les haré vivir tranquilos.
Me casaré contigo en matrimonio perpetuo, me casaré contigo en derecho y justicia, en misericordia y compasión, me casaré contigo en fidelidad, y te penetrarás del Señor.
Aquel día -oráculo del Señor-, escucharé a los cielos, ellos escucharán a la tierra, la tierra escuchará al trigo y al vino y al aceite, y ellos escucharán a Yezrael. Me la sembraré en el país, me compadeceré de No-compadecida, y diré a No-es-mi-pueblo: "Tú eres mi pueblo", y él dirá: "Tú eres mi Dios."»
Inutilidad de la falsa conversión
Os 6,1-7,2
Así dice el Señor:
«En su aflicción madrugarán para buscarme y dirán: "Vamos a volver al Señor: él, que nos despedazó, nos sanará; él, que nos hirió, nos vendará. En dos días nos sanará; al tercero nos resucitará; y viviremos delante de él. Esforcémonos por conocer al Señor: su amanecer es como la aurora, y su sentencia surge como la luz. Bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia tardía que empapa la tierra."
¿Qué haré de ti, Efraín? ¿Qué haré de ti, Judá? Vuestra piedad es como nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora. Por eso, os herí por medio de los profetas, os condené con la palabra de mi boca. Quiero misericordia, y no sacrificios; conocimiento de Dios, más que holocaustos.
Ellos, en la tierra, quebrantaron mi alianza, allí me hicieron traición. Galaad es villa de malhechores, con huellas de sangre. Como bandidos al acecho, se confabulan los sacerdotes; asesinan, camino de Siquén, perpetran villanías. En la casa de Israel he visto algo espeluznante: allí se prostituye Efraín, se contamina Israel. También para ti, Judá, hay cosecha preparada.
Cuando cambie la suerte de mi pueblo, cuando cure a Israel, se descubrirá el pecado de Efraín y las maldades de Samaría: obran de mala fe, ladrones que entran en las casas, bandoleros que asaltan en despoblado. Y no reflexionan que llevo cuenta de todas sus maldades, ya los han copado sus acciones, las tengo delante de mí.»
Llamada a la conversión y promesa de salud
Os 14,2-10
Así dice el Señor:
«Israel, conviértete al Señor Dios tuyo, porque tropezaste por tu pecado. Preparad vuestro discurso, volved al Señor y decidle: "Perdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio de nuestros labios. No nos salvará Asiria, no montaremos a caballo, no volveremos a llamar Dios a la obra de nuestras manos. En ti encuentra piedad el huérfano."
Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan, mi cólera se apartará de ellos. Seré para Israel como rocío, florecerá como azucena, arraigará como el Líbano. Brotarán sus vástagos, será su esplendor como un olivo, su aroma como el Líbano Vuelven a descansar a su sombra: harán brotar el trigo, florecerán como la viña; será su fama como la del vino del Líbano. Efraín, ¿qué te importan los ídolos? Yo le respondo y le miro: yo soy como un ciprés frondoso: de mí proceden tus frutos.»
¿Quién es el sabio que lo comprenda, el prudente que lo entienda? Rectos son los caminos del Señor: los justos andan por ellos, los pecadores tropiezan en ellos.