La reconciliación, camino hacia la paz

01.10.2016 19:50

 

Debemos perfeccionar el sentido de nuestra unidad; unidad en la Iglesia, unidad de la Iglesia; comunión mística, constitutiva la primera (cfr. 1Cor. 1, 10; 12, 12-27); restauración ecuménica de la unidad entre todos los cristianos la segunda (cfr. Decreto conciliarUnitatis redintegratio); una y otra exigen una propia reconciliación que debe aportar a la colectividad cristiana aquella paz que es un fruto del Espíritu, consiguiente a la caridad y a su gozo (cfr. Gal. 5 , 22).

También en estos campos debemos «hacer la paz».

Pablo VI, Mensaje para la VIII Jornada Mundial de la Paz 1975

 

Claves bíblicas de lectura

Carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 5

 

16Os exhorto, pues, a que viváis de acuerdo con las exigencias del Espíritu y así no os dejaréis arrastrar por desordenadas apetencias humanas. 
17Porque las desordenadas apetencias humanas están en contra del Espíritu, y el Espíritu está en contra de tales apetencias. El antagonismo es tan irreductible, que os impide hacer lo que desearíais. 
18Pero si os guía el Espíritu, ya no estáis bajo el dominio de la ley.
19Sabido es cómo se comportan los que viven sometidos a sus apetitos desordenados: son adúlteros, lujuriosos, libertinos, 
20idólatras, supersticiosos; alimentan odios, promueven contiendas, se enzarzan en rivalidades, rebosan rencor; son egoístas, partidistas, sectarios, 
21envidiosos, borrachos, amigos de orgías, y otras cosas por el estilo. Os advertí en su día y ahora vuelvo a hacerlo: esos tales no heredarán el reino de Dios.
22En cambio, el Espíritu produce amor, alegría, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, lealtad, 
23humildad y dominio de sí mismo. Ninguna ley existe en contra de todas estas cosas. 
24Y no en vano los que pertenecen a Cristo Jesús han crucificado lo que en ellos hay de apetitos desordenados, junto con sus pasiones y malos deseos. 
25Si, pues, vivimos animados por el Espíritu, actuemos conforme al Espíritu. 
26No busquemos vanaglorias, enzarzándonos en rivalidades y envidiándonos unos a otros.
 

Oración

Salmo 1

 

1Dichoso quien no sigue el consejo de los malvados,
ni en la senda de los pecadores se detiene,
ni en compañía de los necios se sienta,
2sino que se complace en la ley del Señor
sobre la que reflexiona día y noche.
3Es como un árbol plantado junto al arroyo:
da fruto a su tiempo y no se secan sus hojas;
consigue todo cuanto emprende.
4No ocurre así a los malvados,
paja que el viento arrastra.
5No vencerán los malvados en el juicio,
ni los pecadores en la asamblea de los justos
6pues el Señor protege la senda de los justos
mientras la senda de los malvados se desvanece.