Todo hombre es mi hermano

28.09.2016 19:09

Nuestra certeza en la palabra divina de Cristo maestro, que la esculpió en su Evangelio: «Todos vosotros sois hermanos» (Mt 23, 8). Podemos ofrecer, además, el consuelo de la posibilidad de aplicarla (¡porque cuán difícil es en la realidad práctica ser de verdad hermano con cada hombre!); lo podemos lograr recurriendo, como canon de acción práctica y normal, a otra enseñanza fundamental de Cristo: «Cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacédselo vosotros a ellos, porque ésta es la ley y la doctrina de los profetas» (Mt 7, 12). ¡Cuánto han meditado filósofos y Santos sobre esta máxima, que relaciona la universalidad de la norma de hermandad con la acción individual y concreta de la moralidad social! Y por último, estamos en condiciones de ofrecer el argumento supremo: el de la Paternidad divina, común a todos los hombres, proclamada a todos los creyentes. Una verdadera fraternidad entre los hombres para que sea auténtica y vinculante supone y exige una Paternidad trascendente y rebosante de amor metafísico y de caridad sobrenatural. Nosotros podemos enseñar la fraternidad humana, es decir la paz, enseñando a reconocer, a amar y a invocar al Padre Nuestro que está en los cielos. Sabemos que encontraremos cerrado el ingreso al altar de Dios si antes no nos hemos reconciliado con el hombre-hermano (Mt 5, 23 ss: 6, 14-15). Y sabemos que si somos promotores de paz, podremos entonces ser llamados hijos de Dios y estar entre aquellos que el Evangelio declara bienaventurados (Mt 5, 9).

Pablo VI, Mensaje para la IV Jornada Mundial de la Paz 1971

 

Clave bíblica de lectura

Evangelio según san Mateo 7

12 Portaos en todo con los demás como queréis que los demás se porten con vosotros. ¡En esto consisten la ley de Moisés y las enseñanzas de los profetas!
 

Oración

Salmo 71

1De Salomón.
Oh Dios, confía tus juicios al rey,
tu justicia al hijo del monarca.
2Él juzgará a tu pueblo con justicia,
a los humildes con rectitud.
3De los montes llegará al pueblo la paz,
de las colinas la justicia.
4Hará justicia a los humildes,
salvará a los oprimidos,
aplastará al explotador.
5Que dure tanto como el sol,
tanto como la luna,
generación tras generación.
6Que descienda como la lluvia sobre la hierba,
como aguacero que empapa la tierra.
7Que en sus días florezca la justicia
y abunde la paz mientras dure la luna.
8Que domine de mar a mar*,
desde el gran río al confín de la tierra.
9Que se postren ante él las tribus del desierto*,
que muerdan el polvo sus enemigos.
10Que los reyes de Tarsis y las islas
le traigan obsequios,
que los reyes de Sabá y de Sebá
le ofrezcan presentes.
11¡Que todos los reyes se inclinen ante él,
que todas las naciones lo sirvan!
12Pues él salvará al desvalido que clama,
al humilde a quien nadie ayuda;
13se apiadará del oprimido y del pobre,
a los desvalidos salvará la vida;
14los librará del engaño y la violencia
porque estima mucho sus vidas.
15Que viva y reciba el oro de Sabá,
que oren siempre por él,
que sin cesar se le bendiga.
16Que haya grano abundante en la tierra,
que la mies ondee en la cima de los montes,
que sus frutos florezcan como el Líbano,
sus gavillas como la hierba del campo.
17Que su fama dure por siempre,
que perdure por siempre bajo el sol;
que en su nombre se bendiga,
que todas las naciones lo elogien.
18Bendito sea Dios, el Señor, el Dios de Israel,
el único que hace prodigios;
19bendito sea su glorioso nombre por siempre,
que llene su gloria la tierra entera.
¡Amén, amén!