Enlázate por la justicia

Enlázate por la justicia es el fruto de la cooperación de Cáritas Española, Confer, Manos Unidas, Redes y Justicia y Paz. Su origen se remonta a un proceso de reflexión iniciado en el seno de REDES sobre cómo es y ha sido la presencia de las organizaciones católicas en el seno de la cooperación española.

En octubre de 2011 Redes decidió ampliar esta reflexión a otras entidades de inspiración cristiana relevantes, especialmente aquellas con las que se venía realizando un trabajo en común y que habían manifestado también su interés en avanzar en ese sentido. Esto llevó a que CONFER, Manos Unidas, REDES, Caritas y nosotros, Justicia y Paz, hayamos mantenido a lo largo de los últimos dos años y medio varias reuniones de reflexión fraterna, para intentar dar respuesta a estas cuestiones compartidas.

Las actividades de este grupo se enmarcan en la iniciativa "Enlázate por la justicia" y se celebran anualmente:

  •   Jornada de formación sobre la cooperación al desarrollo, dirigida a las personas que trabajan en las organizaciones. La Jornada persigue la profundización en los temas de la justicia social y la cooperación al desarrollo desde la perspectiva de las ciencias humanas.
  •   Vigilia de oración, para la transformación de la realidad social, que se convoca en Madrid y se celebra en multitud de ciudades de España. La vigilia persigue la sensibilización de las comunidades locales con una mirada a la realidad de los empobrecidos.
  •  Campaña de incidencia política. Persigue la sensibilización tanto pública como de la comunidad creyente en estos temas.


Actividades del curso 2016/2017

MENSAJE CONJUNTO DE CÁRITAS, CONFER,
JUSTICIA Y PAZ, MANOS UNIDAS Y REDES CON MOTIVO
DEL DÍA INTERNACIONAL DE LA SOLIDARIDAD HUMANA

Estas organizaciones, integradas en la iniciativa "Enlázate por la Justicia", denuncian
el modelo de desarrollo y la cultura del descarte que provoca una desigualdad creciente

En este tiempo litúrgico del Adviento y con motivo de la celebración, el 20 de diciembre, del Día Internacional de la Solidaridad Humana, queremos compartir con las comunidades cristianas y con toda la sociedad el deseo de "anunciar la buena noticia a los que sufren, proclamar la liberación a los cautivos y a los prisioneros la libertad, y proclamar el año de gracia del Señor" (Isaías, 61, I-2ª, 10-11).

Las organizaciones que desde 2013 sumamos nuestros esfuerzos en el marco de la iniciativa Enlázate por la Justicia (Cáritas, Confer, Justicia y Paz, Manos Unidas y REDES) para dar cuenta y razón de nuestra visión fraterna de la cooperación al desarrollo desde un Cristo comprometido con los pobres, y movilizar a todos en la defensa de la justicia global, los derechos humanos y la dignidad de las personas más vulnerables, dirigimos nuestra mirada sobre la escandalosa realidad de desigualdad y pobreza que sigue afectando a los numerosos países y regiones de todo el mundo donde estamos presentes.

A la puertas de la Navidad y ante el inicio de un nuevo año, llamamos la atención sobre el significado decisivo que 2015 tiene para todos nosotros.

En primer lugar, se cumplirán dos décadas desde que la sociedad española empezara a exigir la inversión del 0,7% del Producto Interior Bruto (PIB) en programas de ayuda al desarrollo, un objetivo que si entonces aún era viable, hoy se dedica tan solo un 0,16% y es víctima del brutal desplome presupuestario que afecta a la cooperación internacional de nuestro país,  sin parangón en ningún otro país donante.

Y, segundo, en 2015 expira el plazo que las naciones miembros de la ONU acordaron en el año 2000 para alcanzar los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM): erradicar la pobreza extrema y el hambre; lograr la enseñanza primaria universal; promover la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de la mujer; reducir la mortalidad infantil; mejorar la salud materna; combatir el VIH/sida, la malaria y otras enfermedades; garantizar la sostenibilidad del medio; y fomentar una alianza mundial para el desarrollo.

Nuestras entidades y comunidades de Iglesia han aportado toda su rica experiencia, recursos y capacidades para progresar en ese compromiso. Y aunque ha habido algunos avances, son todavía legión los hermanos nuestros que siguen al margen de esos Objetivos. Es más, en los últimos años se ha consolidado un modelo global de desarrollo que genera lo que el Papa Francisco define como "cultura del descarte", que expulsa a miles de millones de seres humanos hacia unas condiciones de desigualdad creciente y de negación de derechos sociales básicos. Mientras, quienes más tienen siguen acumulando cada vez más riqueza, y la exhiben.

Desde nuestra identidad cristiana y como miembros de una Iglesia que "guiada por el Evangelio de la misericordia y por el amor al hombre, escucha el clamor por la justicia y quiere responder a él con todas sus fuerzas" (Evangelii gaudium, 188), queremos compartir con nuestros hermanos, miembros de una sola familia humana, nuestra respuesta renovada a la pregunta que Dios Padre nos lanza: "¿Dónde está tu hermano?" (Gen, 3:9).

Os proponemos, para ello, seguir compartiendo la tarea inaplazable de acompañar a los más vulnerables, a todos esos hermanos descartados en la carrera del desarrollo que van a quedar de nuevo al margen de los objetivos de crecimiento identificados en la agenda con la que la comunidad internacional prepara el post-2015.

Os convocamos también a participar en una tarea colectiva de responsabilidad para seguir denunciando las condiciones de desigualdad e injusticia que afectan a las personas que acompañamos, y a combatir un modelo deshumanizado de economía basada en la exclusión y el máximo beneficio, donde los niños, los ancianos, las mujeres, los migrantes, los enfermos, y las minorías étnicas o religiosas quedan abandonadas a su suerte.

Os animamos a actuar dentro de vuestros espacios vitales y comunitarios para transformar esta realidad dominada por el consumo, la acumulación de bienes y el individualismo mediante un cambio de estilos de vida que los haga más austeros, y más abiertos a la solidaridad y la fraternidad con los derechos y la dignidad de los empobrecidos.

Y os proponemos seguir trabajando de manera activa durante 2015 en todos los ámbitos públicos de participación para reclamar a los responsables políticos y agentes sociales -nacionales e internacionales- una gestión austera, transparente, eficaz y valiente a favor de las auténticas prioridades de un proyecto de desarrollo social realmente humano: la lucha contra la desigualdad y la injusticia, y la promoción y protección de los derechos humanos de los más vulnerables.

Por todo lo anterior, es nuestro deber exigir a las Administraciones Públicas que cumplan con lo comprometido en el Pacto de Estado, firmado por todos los partidos políticos en diciembre de 2007, y recuperen la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) que ha sido desmantelada como política pública y representa niveles de solidaridad inferiores a los que había hace 20 años.

Renovamos nuestra apuesta por una nueva narrativa de desarrollo escrita desde la reciprocidad y corresponsabilidad, en la que los empobrecidos sean los protagonistas. Y recordamos que todos somos una sola familia humana: nuestros rostros reflejan la diversidad del mundo, pero también una idéntica esperanza en el futuro y una sólida firmeza en la defensa de nuestra dignidad y la de nuestras familias.

Firmado:
Rafael del Río, presidente de Cáritas Española
Luis Angel de las Heras, cmf, presidente de CONFER
Eduard Ibáñez, presidente de Justicia y Paz
Soledad Suárez, presidenta de Manos Unidas
Javier Sánchez, coordinador de Redes


VIGILIA "ENLÁZATE POR LA JUSTICIA" 2015


MANIFIESTO

Como miembros de organizaciones de Iglesia, estamos reunidos en oración para pedir la transformación de la realidad social y el cambio de un modelo económico injusto que crea desigualdades, vulneración de derechos y situaciones de pobreza y exclusión en todo el mundo.

 

Todos somos conscientes de la dramática realidad que viven muchas personas en España. La difícil situación por la que atraviesa nuestro país -calificada como "pobreza creciente, derechos menguantes"- nos muestra una pobreza cada vez más cercana, que nos puede llevar a ignorar otra
pobreza que, no por más lejana, deja de ser intensa, deshumanizadora y desgarradora.

 

Es nuestra responsabilidad moral y nuestro deber como  cristianos mirar la realidad de lo que ocurre en el mundo, analizar las causas de la injusticia -que son las mismas en todos los países- y actuar para acabar con ellas.

 

El Papa Francisco, en su Exhortación Evangelii Gaudium, recuerda que "la Iglesia, guiada por el Evangelio de la misericordia y por el amor al hombre, escucha el clamor por la justicia y quiere responder a él con todas sus fuerzas".

 

Estamos llamados, por tanto, a construir el reino de Dios y a buscar el bien común de toda la familia humana, de una familia formada por nuestros vecinos y amigos más cercanos, pero también por los más lejanos, como la madre congoleña que no puede dar medicinas a su hijo o por la niña que todos los días camina doce kilómetros para ir a la escuela.

 

No somos tan diferentes ni estamos tan lejos unos de otros. Nuestros rostros reflejan la diversidad del mundo y la misma ilusión por vivir, idéntica esperanza en el futuro y una sólida firmeza para luchar por nuestra dignidad y la de nuestras familias.

 

Como escribió el Papa Emérito Benedicto XVI, en su Caritas in veritate, "el desarrollo de los pueblos depende de que se reconozcan como parte de una sola familia humana, que colabora con verdadera comunión y está integrada por seres que no viven simplemente uno junto al otro".

 

Nosotros somos testigos privilegiados de cómo esa colaboración entre personas y entre países de la que hablaba Benedicto XVI ha ayudado a transformar la realidad. Podemos dar fe de pequeños milagros conseguidos a través de la cooperación fraterna y recíproca: cómo un campesino del Amazonas logra su primera cosecha en muchos años; cómo una cooperativa de mujeres de Bangladesh pone en marcha un taller de costura; o cómo unos jóvenes haitianos aprenden un oficio que les permite llevar dinero a sus casas...

 

Desde esta presencia, pedimos la máxima responsabilidad a las Administraciones públicas para construir las bases de un nuevo modelo social y económico centrado en las personas, especialmente las más vulnerables, para articular políticas encaminadas a promover los derechos
humanos y la justicia en todo el mundo; y, sobre todo, para que "no miren hacia otro lado mientras millones de personas pasan hambre", como expresó el Papa Francisco en el lanzamiento de la campaña "Una sola Familia humana. Alimentos para todos".

 

"En este marco se comprende -escribe Francisco en la Exhortación Evangelii Gaudium-- el pedido de Jesús a sus discípulos: «¡Dadles vosotros de comer!» (Mc 6,37), lo cual implica tanto la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres, como los gestos más simples y cotidianos de solidaridad ante las miserias muy concretas que encontramos. La palabra «solidaridad» está un poco desgastada y a veces se la interpreta mal, pero es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos".


Nuestras organizaciones católicas quieren sumarse a la corriente de solidaridad con nuestro trabajo de cooperación aportado por miles de manos: las de tantas personas voluntarias, trabajadores remunerados, y religiosos y religiosas que hacen posible los distintos proyectos de desarrollo
que se llevan a cabo en más de un centenar de países de todo el mundo.