La Madre Teresa de Calcuta

20.12.2016 17:28

La Madre Teresa de Calcuta y la no violencia

Muchas veces la no violencia se entiende como rendición, desinterés y pasividad, pero en realidad no es así. Cuando la Madre Teresa recibió el premio Nobel de la Paz, en 1979, declaró claramente su mensaje de la no violencia activa: «En nuestras familias no tenemos necesidad de bombas y armas, de destruir para traer la paz, sino de vivir unidos, amándonos unos a otros […]. Y entonces seremos capaces de superar todo el mal que hay en el mundo». Porque la fuerza de las armas es engañosa. «Mientras los traficantes de armas hacen su trabajo, hay pobres constructores de paz que dan la vida sólo por ayudar a una persona, a otra, a otra»; para estos constructores de la paz, Madre Teresa es «un símbolo, un icono de nuestros tiempos». En el pasado mes de septiembre tuve la gran alegría de proclamarla santa. He elogiado su disponibilidad hacia todos por medio de «la acogida y la defensa de la vida humana, tanto de la no nacida como de la abandonada y descartada […]. Se ha inclinado sobre las personas desfallecidas, que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado; ha hecho sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes —¡ante los crímenes!— de la pobreza creada por ellos mismos. Como respuesta —y en esto representa a miles, más aún, a millones de personas—, su misión es salir al encuentro de las víctimas con generosidad y dedicación, tocando y vendando los cuerpos heridos, curando las vidas rotas (Papa Francisco, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2017, n. 4).

 

Sobre la Madre Teresa

La Madre Teresa es uno de los personajes verdaderamente grandes e influyentes del siglo XX, Es –y esto están dispuesto a admitirlo personas que no tienen fe o que la critican- una figura destacada de la historia contemporánea y de la historia de la Iglesia. Pero, sobre todo, fue y será siempre una mujer fascinante. Esto lo veo en el brillo de los ojos de muchos que, en cuanto saben que tuve el privilegio de trabajar unos cuantos años muy cerca de la Madre Teresa, me piden que les cuente cosas de ella.

Leo Maasburg, La Madre Teresa de Calcuta: un relato personal, Editorial Palabra, p. 11.

 

La Madre Teresa nunca quiso ser el centro de atención, pero, cuando otros la pusieron en el candelero –a partir de la concesión del Premio Nobel de la Paz en 1979-, esa fue su situación de manera casi permanente. Ella se servía de esta circunstancia para desviar la atención de su persona hacia Cristo. En distintas partes del mundo había, y todavía hay, un tira y afloja –más motivado por el provincianismo que por el catolicismo- respecto a quién podía considerar como propia a la Madre Teresa. A ella no le hubiera gustado esto, aunque nunca renunció a sus orígenes. Una de las pocas declaraciones que la Madre Teresa hizo sobre sí misma fue: “Soy albanesa de nacimiento. Soy de nacionalidad india. Soy monja católica. Por lo que hago, pertenezco al mundo entero, pero mi corazón pertenece por completo a Jesús”.

Leo Maasburg, La Madre Teresa de Calcuta: un relato personal, Editorial Palabra, p. 12.

 

Las hermanas de la Caridad en la Unión Soviética

  • En nuestro país no tenemos pobres. ¿Qué van a hacer aquí sus hermanas? No es como en Occidente. Aquí el Estado proporciona a la gente todo lo que necesita.

Con tranquilidad y con objetividad, la Madre Teresa replicó:

  • Proporcionarán ternura, amor y cuidados a los que no tengan a nadie en la vida. El Estado no puede hacer eso.

No sabemos por qué, pero en 1988 se modificó la ley que prohibía las instituciones benéficas. De este modo, por primera vez, era posible enviar hermanas. Eso también era “obra Suya”; la Madre Teresa estaba convencida de ello. Hizo falta una larga serie de “milagros preparatorios” para que las hermanas pudieran dispensar “ternura, amor y cuidados” a los más pobres de entre los pobres de la Unión Soviética.

En julio de 1987, dos cineastas estadounidenses, Ann y Jeannette (Jan) Petrie presentaron su documental Mother Teresa al festival de cine de Moscú. En medio de un prolongado aplauso de la audiencia, recibieron el premio del Comité Soviético por la Paz. Hasta entonces, prácticamente nadie en la Unión Soviética había oído hablar de la Madre Teresa, por lo que todo el mundo empezó a preguntar por qué aquella mujer pequeñita que había viajado por todo el mundo y había hecho cosas tan extraordinarias no había estado nunca en la Unión Soviética. La respuesta era muy sencilla: nadie la había invitado.

En agosto de 1987, como resultado del premio recibido por el documental –que debió de tocar también los corazones de algunos líderes del partido-, se le otorgó a la Madre Teresa el Premio de la Paz del Comité Soviético por la Paz. Por aquel entonces el presidente del Comité Soviético por la Paz era Genrikh Borovik. Invitaron a la Madre Teresa a Moscú para la ceremonia de entrega del galardón y ella aceptó encantada.

Leo Maasburg, La Madre Teresa de Calcuta: un relato personal, Editorial Palabra, p. 142.

 

Palabras de la Madre Teresa

Las obras de amor comienzan en el hogar y las obras de amor son obras de paz. Todos queremos la paz y, sin embargo, tenemos miedo de las armas nucleares, tenemos miedo de esta nueva enfermedad [el SIDA]. Pero no nos asusta matar a un niño inocente, creado con el mismo fin: amar a Dios y amarles a ustedes y a mí.

Esto es lo que resulta una tremenda contradicción, y siento que hoy el aborto se ha convertido en el mayor destructor de paz. Nos asustan las armas nucleares porque es algo que nos toca, pero no nos asusta, a la madre no le asusta, cometer ese terrible asesinato. Incluso cuando el propio Dios habla de ello, dice: “Aunque una madre pueda olvidarse de su hijo, yo no te olvidaré. Te he grabado en la palma de mi mano, eres precioso para mí, te amo”. Estas son las palabras de mismo Dios para ustedes, para mí, para ese niño no nacido. Y este es el motivo por el que, si de verdad queremos la paz, si queremos de verdad hoy la paz, con sinceridad de corazón, debemos hacer un propósito firme de no permitir que en nuestros países, en nuestras ciudades, haya ni un solo niño que no se sienta querido, que no se sienta amado, que sea excluido de la sociedad”.

Palabras de la Madre Teresa ante Naciones Unidas en 1985, citadas por Leo Maasburg, La Madre Teresa de Calcuta: un relato personal, editorial Palabra, p. 193.

 

El peso del aborto

Aunque se le ha dado menos publicidad, no era menos genuina la amorosa preocupación de la Madre Teresa por las mujeres que sufrían bajo el peso de un aborto. Esas mujeres pertenecían al pequeño círculo de personas privilegiadas a las que la Madre Teresa abrazaba con un amor muy sentido y de manera especial. Yo vi a muchas mujeres jóvenes con churretes de lágrimas en la cara que, después de un encuentro con la Madre Teresa, volvían a ser capaces de confiar en el amor y el perdón de Dios que la Madre Teresa acababa de mostrarles de manera tangible; es el tipo de amor que restablece la esperanza de la reconciliación y la posibilidad de llevar de nuevo una vida feliz.

Para la Madre Teresa, la santidad de las vidas de los niños, esos “rayos de la luz de Dios en el mundo”, era absolutamente inviolable y debía ser defendida en cualquier situación. Pero también comprendía las necesidades materiales y sociales, el abandono y la soledad por los que atravesaban aquellas mujeres en los difíciles momentos en que tomaban su decisión. Siempre tenía una mente abierta, unos brazos abiertos y un corazón abierto de par en par para las víctimas de aquel dilema espiritual.

Leo Maasburg, La Madre Teresa de Calcuta: un relato personal, editorial Palabra, p. 198.

 

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.

Que donde haya odio, ponga yo amor;

donde haya ofensa, perdón;

donde haya duda, ponga yo la fe;

donde haya desesperación, esperanza;

que donde haya tinieblas, ponga yo la luz;

y donde haya tristeza, ponga yo alegría.

¡Oh, divino Mestro!, haz que no desee tanto

ser consolado como consolar;

ser entendido como entender;

ser amado como amar;

porque es dando como recibimos;

es perdonando como somos perdonados;

y es muriendo como nacemos a la vida eterna.

San Francisco de Asís

 

Palabras de Indira Gandhi sobre la Madre Teresa

Considero un gran acierto el que este libro comience con la hermosa y querida oración de San Francisco. Porque en ella se compendia de un modo muy elocuente la dulzura, el amor y la compasión que emana la pequeña figura de la Madre Teresa.

¿Qué otra persona en este ancho mundo llega de un modo tan natural, tan sencillo y tan eficaz a los necesitados y a los que no tienen amigos? Tagore escribió: “Que tus pies se apoyen allí donde viven los más pobres, los más humildes y los más abandonados”. Y ahí es donde hay que buscar a la Madre Teresa, que no piensa ni hace la menor discriminación entre razas, credos, idiomas o países.

Ella hace vida la verdad de que la oración es entrega, de que la oración es servicio. El servicio constituye su ocupación, su religión y su redención. Conocerla es sentirse completamente humilde, percibir el poder de la ternura y la fuerza del amor.

Nueva Delhi, 26 de septiembre de 1975

 

Indira Gandhi, presentación del  libro de Desmond Doig, Madre Teresa de Calcuta: su gente y su obra, Sal Terrae.

 

 

El sufrimiento de los pobres

La Madre Teresa sostiene que el sufrimiento de los pobres en los países ricos tiene un carácter más punzante de soledad y de rechazo. En la India, los fuertes lazo de la familia, la religión y la tradición contribuyen a aminorar los rigores de la pobreza, aunque ésta sigue siendo un producto de la historia, la geografía y la explosión demográfica.

Desmond Doig, Madre Teresa de Calcuta: su gente y su obra, Sal Terrae.

 

Palabras de la Madre Teresa

La reconciliación comienza no con los demás sino con nosotros mismos. Comienza cuando se tiene un corazón limpio. Un corazón limpio posee la capacidad de ver a Dios en los demás. Nuestra lengua, esa parte de nuestro cuerpo que entra en contacto directo con el cuerpo de Cristo a través de la Comunión, puede convertirse en instrumento de paz y de alegría o también en instrumento de pena y dolor… Perdona y pide perdón; excúsate en lugar de acusar.

Si cada uno pudiese ver la imagen de Dios en su vecino, ¿creen que todavía necesitaríamos tanques y generales?

Teresa de Calcuta, Mi legado, Editorial Prana, p. 18.

 

Cuando nos amargamos por acciones de los unos a los otros, amargamos a Jesús. Analicémonos y tratemos de ver cuándo y cómo entró la amargura en nuestros corazones. ¿Quién nos hizo tan duros? ¿La vida de quién amargué por mi falta de amor y de bondad? Vaciemos nuestros corazones de toda amargura, a través de una sincera confesión. La confesión no es sino presentarme ante Jesús tal como lo hizo la pecadora, porque yo misma detecté mi pecado… Voy al confesionario como un pecador lleno de pecado, pero lo dejo como un pecador absuelto.

Teresa de Calcuta, Mi legado, Editorial Prana p. 19.

 

Reza para poder perdonar a aquellos que te han herido y que no te gustan y perdónalos como tú has sido perdonado.

Prediquemos la paz de Cristo como Él mismo hizo. Simplemente haciendo el bien, sin pausa. Él no interrumpió su obra de caridad porque los fariseos y otros lo odiaban o procuraban arruinar el trabajo de Su Padre. Simplemente prosiguió haciendo el bien. El Cardenal Newman escribió: “Ayúdame a derramar tu fragancia por doquiera que yo vaya. Ayúdame a predicarte sin predicar; no quiero predicar con palabras, sino con mi ejemplo”. Nuestras obras de amor no son sino obras de paz.

Si no tenemos paz en el mundo es porque hemos olvidado que nos pertenecemos el uno al otro, que ese hombre, esa mujer, esa criatura, es mi hermano o mi hermana...

Teresa de Calcuta, Mi legado, Editorial Prana p. 20.

 

No usemos bombas ni armas para dominar el mundo. Usemos amor y compasión. La paz comienza con una sonrisa. Sonríe cinco veces por día a alguien a quien, en realidad, no le quisieras sonreír en absoluto: hazlo por la paz. Irradiemos así la paz de Dios, y encenderemos Su luz y extinguiremos en el mundo y en el corazón de los hombres el odio y la sed de poder.

Teresa de Calcuta, Mi legado, Editorial Prana pp. 20-21.

 

Debemos tratar de evitar el juzgar a las personas. Si las juzgamos, no les estamos dando amor.

Hay muchos problemas en el mundo de hoy, y pienso que gran parte de los mismos tienen su punto de partida en el seno del hogar. El mundo entero sufre tanto porque no hay paz. Y no hay paz en el mundo porque no hay paz en la familia, y existen miles y miles de hogares deshechos. Tenemos que convertir a nuestros hogares en centros de compasión y perdón infinito, y así ayudar a que vuelva a reinar la paz.

El aborto mata la paz en el mundo. Es el peor enemigo de la paz, porque si una madre es capaz de destruir a su propio hijo, ¿qué queda para los demás, sino matarse entre ellos? Nada se lo podrá impedir.

Teresa de Calcuta, Mi legado, Editorial Prana p. 21.

 

Las obras de amor son siempre obras de paz. Cuando se comparte el amor con los demás, se percibe la paz que se apodera de ellos y de uno mismo.

Teresa de Calcuta, Mi legado, Editorial Prana p. 23.

 

 

Se debe rezar para poder perdonar a quienes nos hayan herido y dañado. ¿Cómo podemos pedir perdón a Dios si no sabemos perdonar a los otros?

El camino más rápido y más eficaz hacia la consideración para con el prójimo pasa por nuestra palabra… usémosla para hacer el bien. Si piensas bien de tu prójimo, también hablarás bien de él y con él. Tu palabra reflejará la riqueza de tu corazón. Si tu corazón está lleno de amor, también tus palabras serán de amor.

La violencia de la palabra es muy real y concreta, la lengua suele ser más filosa que la más afilada daga, hiriendo y creando amarguras que sólo la gracia divina puede curar.

¿Conozco realmente la dimensión del pecado? ¿Sé realmente mirar el crucifijo? Al mirar la cruz podemos apreciar cuán profundos son nuestros pecados. Tomen el crucifijo en sus manos y mediten. Jesús tuvo compasión con los pecadores. Jesús no condenó a la mujer que había pecado. También a mí me perdonará.

Teresa de Calcuta, Mi legado, Editorial Prana p. 24.

 

Agradezcamos a Dios su don de paz, que nos recuerda que hemos sido creados para vivir esa paz, y que Jesús se hizo hombre como nosotros en todo, menos en el pecado; proclamó con toda claridad que vino a traernos la Buena Nueva. La Buena Nueva era la paz para todos los hombres de buena voluntad. Si hay algo que todos deseamos, es la paz del espíritu.

El nacimiento de Jesús en Belén trajo alegría al mundo y a los corazones de los hombres. El mismo Jesús vuelve una y otra vez a nuestros corazones durante la Santa Comunión. Quiere darnos la misma alegría, la misma paz. Que su llegada nos traiga a cada uno de nosotros la paz y la alegría que Él desea para nosotros. Oremos para recibir esta gracia en nuestros corazones, en nuestras comunidades y en la Iglesia.

Tenemos que llevar paz, amor y compasión al mundo actual. No necesitamos armas ni bombas para hacerlo. La compasión y el amor tienen que crecer desde dentro, a partir de nuestra unión con Cristo. Y de esa unión surge, como fruto natural, el amor hacia la familia, hacia el prójimo, hacia los pobres.

Teresa de Calcuta, Mi legado, Editorial Prana p. 25.

 

Ella clamó:

¡Los pobres seres humanos!

¡Quienes pelean con los perros callejeros entre los desperdicios, por sólo unas migajas!

¡Quienes perecen temblando en el frío y el hambre extremos sin nada que vestir o comer!

¡Quienes caen muertos vomitando sangre debido a la incesante tos causada por la tuberculosis no atendida!

¡Quienes mueren a la vera del camino como animales rechazados debido a toda clase de privaciones, degradaciones y enfermedades!

¡Quienes yacen quietos a un lado de la acera como un montón de ropa sucia, esperando la muerte en cualquier momento, rodeados y mordidos por hormigas, gusanos y ratas!

Estas perturbadoras imágenes volvían a su mente con cada sacudida del tren y su conciencia aullaba igual que el largo silbido del tren:

Querida mía, ¿no puedes ver a tu amado esposo habitando en cada una de estas desafortunadas criaturas? ¿No puedes hacer algo por ellos?

Querida mía, debes ver a tu amado Jesús en cada una de estas desdichadas personas. Debes amar a ese Jesús, servir a ese Jesús y cuidar a ese Jesús.

Nunca olvides su voz cuando Él dice: “En verdad les digo que cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron”.

T. T. Mundakel, Teresa de Calcuta: su viaje hacia tu corazón, San Pablo, pp. 27-28.

 

Los pobres son Jesús que sufre: los no queridos, los no cuidados, los afectados por el SIDA, los leprosos, los enfermos mentales; en ellos está especialmente Jesús. El lo dijo: Cualquier cosa que hagáis por unos de estos por Mí lo hacéis”.

Darío Chimeno Cano (Director): Madre Teresa de Calcuta: el consuelo de Cristo en los más necesitados, Ediciones Palabra, p. 14.

 

Es el amor que ponemos en nuestros actos lo que hace de nuestro ofrecimiento algo hermoso para Dios.

La oración suscita fe. La fe suscita amor. El amor suscita piedad y deseo de servir a los pobres.

Darío Chimeno Cano (Director): Madre Teresa de Calcuta: el consuelo de Cristo en los más necesitados, Ediciones Palabra, p. 16.

 

Pablo VI y la Madre Teresa

Pablo VI, que la dio a conocer al mundo, al otorgarle en 1971 la primera edición del “Premio de la Paz Juan XXIII”, manifestó: “Este premio se confiere a una religiosa que, a pesar de ser modesta y silenciosa, es conocida por quienes observan el arrojo de la caridad en el mundo de los pobres: se llama Madre Teresa y, desde hace veinte años, está desempeñando una maravillosa misión de amor en las calles de la India a favor de los leprosos, de los viejos, de los niños abandonados”.

Carlos Ros, Teresa de Calcuta, madre de los pobres, Centre de Pastoral Litúrgica, p. 4.

 

Palabras de la Madre Teresa

Cristo dice: Tuve hambre y me disteis de comer. Estaba sin hogar y me ofrecisteis cobijo. Era analfabeto y me enseñasteis. Me encontraba solo y os brindasteis a hacerme compañía. Me ofrecisteis vuestra comprensión y vuestro amor.

Él hizo de esto una condición de vida.

Él nos juzgará a la hora de la muerte.

El tema del juicio será lo que hemos hecho -¡lo que hemos sido!- para y con los pobres.

Tuve hambre y no me disteis de comer. Hambre de pan, de justicia, hambre de dignidad humna... ¡Y pasasteis de largo!

Estaba desnudo: desnudo de esa consideración, de esa justicia, del reconocimiento de que también él es como nosotros, creado por la misma mano amorosa de Dios para amar y ser amado.

Desahuciado, no sólo de una casa de ladrillo, sino abatido en una fría soledad.

Arrojados a la calle, no queridos, no amados, preteridos.

Los leprosos, los ciegos, los inválidos: ¿dónde están? ¿Los conozco?

Madre Teresa de Calcuta, Seremos juzgados sobre el amor, San Pablo, pp. 13-14.

 

Si a un solo pequeño niño infeliz se le hace feliz con el amor de Jesús, [...] ¿no valdrá la pena [...] darlo todo por ella?

Madre Teresa, citado por Brian Kolodiejchuk, M. C., Ven, sé mi luz. Las cartas privadas de la "Santa de Calcuta", Planeta, p. 78

 

Enlaces de interés

Biografía de la Madre Teresa de Calcuta

Homilía del Papa Francisco en la canonización de la Madre Teresa de Calcuta

Homilía de Juan Pablo II en la beatificación de la Madre Teresa de Calcuta

Beatificación de la Madre Teresa de Calcuta