Comunicado de Justicia y Paz de Madrid con motivo del día de los derechos humanos

10.12.2021 17:40

TODOS HUMANOS, TODOS IGUALES

Reducir las desigualdades, promover los derechos humanos[1]

10 de diciembre 2021

Unos DDHH no suficientemente universales” (FT 22[2])

Con motivo de la celebración del Día de los Derechos Humanos, que se conmemora cada 10 de diciembre, día en que la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH), desde la Comisión diocesana de Justicia y Paz Madrid queremos hacer hincapié en las condiciones y principios de igualdad y no discriminación que esta Declaración, firmada tras la Segunda Guerra mundial, establece como indispensables para garantizar la dignidad humana y hacer posible que las personas vivan en un entorno de libertad, justicia y paz. Señalamos al mismo tiempo, que el lema de la Jornada de este 2021 está relacionado con la “Igualdad” y el artículo 1 de la DUDH: "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos…".

Sin embargo, más de setenta años después de su declaración (1948), el “reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana[3], hacia el que debiéramos caminar y que debiera orientar y fortalecer un modelo de sociedad, sigue dejando mucho que desear, quedando al margen de las prioridades de la sociedad, dañando seriamente la dignidad humana y sacando del centro de los intereses a la persona, su hábitat y sus medios de vida y de relaciones, lo que genera un mundo en desequilibrio: “Mientras una parte de la humanidad vive en opulencia, otra parte ve su propia dignidad desconocida, despreciada o pisoteada y sus derechos fundamentales ignorados o violados». (FT 22)

Como entidad comprometida en la sociedad madrileña con la promoción de la justicia y la paz, y en velar por el desarrollo y aplicación de los derechos humanos, en nuestro territorio y en la familia humana universal, reconociendo que desde la aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos ha habido periodos de avances significativos, queremos alzar nuestra voz ante la persistente vulneración de derechos de las personas y colectivos más vulnerables, comenzando por el derecho a la vida, a la libertad de pensamiento, y de conciencia.

Constatamos y somos testigos cada día de situaciones de vulneración y precarización de los mismos, aún en este siglo XXI, y que se han agudizado con la pandemia del Covid19: exclusión y precariedad residencial con aumento de personas sin hogar y difícil acceso para los más jóvenes, falta de acceso a servicios básicos que generan también situaciones de pobreza energética, deterioro progresivo de los sistemas de salud, educación y protección social, altos índices de desempleo juvenil, precariedad y explotación laboral, brecha salarial y su desigualdad a igual trabajo por género, el trato y discriminación a las personas migrantes, los Centros de Internamiento de extranjeros (CIE) por el mero hecho de proceder de otros países en búsqueda de mejores condiciones de vida, violencia de género, tráfico y trata de personas, etc.

 A todo ello sumamos también la falta del respeto y el retroceso en el cuidado del medio ambiente, condición indispensable para una vida saludable y sostenible. “La degradación ambiental, incluido el cambio climático, la contaminación y la pérdida de la naturaleza. Afecta de manera desproporcionada a las personas, los grupos y los pueblos en situaciones vulnerables. Estos impactos exacerban las desigualdades existentes y afectan negativamente los derechos humanos de las generaciones presentes y futuras”[4]

Esta grave situación ha sido también denunciada por los diferentes mecanismos de control de Naciones Unidas sobre el cumplimiento de los Tratados Internacionales de Derechos Humanos.

Todas estas violaciones y merma de derechos, no sólo se dan en los países en vías de desarrollo, donde claramente se vive una realidad más deteriorada y agudizada, sino que también tienen rostro en nuestra región, en los vecinos y vecinas de al lado, con situaciones como la de la Cañada Real Galiana, donde cerca de 1.200 familias llevan más de un año sin luz, con todas las dificultades que ello acarrea en el día a día, especialmente afectando a los niños y a las personas más vulnerables[5]; la situación de calle de personas nacionales y extranjeras; el 20,9 % de la población madrileña (1 de cada 5 personas) en situación de riesgo de pobreza y exclusión social (Indicador Arope)[6], así como la pérdida del músculo en la sanidad pública y en las demás políticas sociales y acceso a derechos, etc. Una realidad sangrante en una de las regiones más ricas del país.

La historia nos enseña que los Derechos Humanos necesitan un compromiso real. Por ello instamos a buscar y proporcionar soluciones para poder ejercer y exigir, con garantía y cobertura universal, con medidas progresivas de carácter local, y su incidencia en la política nacional y equilibrio y solidaridad internacional, esos derechos, en un contexto democrático.

Corresponde a los Estados y a las autoridades políticas y administrativas, la primera responsabilidad, pero también a los responsables religiosos, las organizaciones sociales y a todos y cada uno y cada una de nosotros, la capacidad de compromiso y respuesta para situar, en el centro de nuestra cultura y la formulación de políticas y aplicación y distribución de los recursos, el cuidado y protección de la dignidad, como bien supremo e inalienable, tanto de las personas, sin distinción ni discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, como de la casa común que nos cobija y en la que habitamos.

Consideramos que tanto los Derechos Humanos, como los principios rectores de nuestra Constitución, no pueden estar supeditados a la coyuntura política, económica y social. La garantía de estos derechos debe ser la base sobre la que se asiente cualquier acción que afecte a la vida de las personas, sin impedir a la ciudadanía invocar el acceso, disfrute y garantía al trabajo decente, a la vivienda, la salud, el acceso a la energía, y la protección social.

En el actual contexto queremos, de manera especial, solicitar que se desarrollen políticas que pongan en el centro a la persona y permitan cerrar todas estas brechas, incluida la brecha que afecta a las mujeres, tal y como nos lo recuerda el papa Francisco:

 “…la organización de las sociedades en todo el mundo todavía está lejos de reflejar con claridad que las mujeres tienen exactamente la misma dignidad e idénticos derechos que los varones. Se afirma algo con las palabras, pero las decisiones y la realidad gritan otro mensaje. Es un hecho que «doblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos» (FT 23).

No queremos terminar sin agradecer y reconocer el compromiso de todos los defensores y defensoras de los derechos en todo el mundo, personas que son perseguidas, encarceladas y asesinadas por defender y promover el acceso a los derechos de todas las personas sin excepción.

 

“He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10)

 



[1] Lema de Naciones Unidas 10 de diciembre de 2021 https://www.un.org/en/observances/human-rights-day

[2] Carta Encíclica Fratelli Tutti, sobre la fraternidad y la amistad social, Papa Francisco, octubre 2020

[3] Proemio de la Declaración Universal de los DDHH, NNUU 1948

[4] https://www.un.org/en/observances/human-rights-day