Palabras del cardenal José Cobo en la eucaristía en la solemnidad de la Epifanía del Señor
Queridos hermanos y hermanas, feliz día de la Epifanía. Querido Vicente obispo auxiliar, queridos vicarios que hoy habéis hecho el esfuerzo también de estar aquí arropando esta celebración. Queridos sacerdotes, queridos seminaristas y diáconos, seguro que conocéis la historia del cuarto rey mago.
Es una antigua leyenda que viene a decir resumidamente, luego la veis o la leéis más despacio, que al dentro de los tres Reyes Magos había un cuarto, alguien que se añadió después y que en el camino con los Reyes Magos, en ese largo y profundo camino interior y exterior que ellos hicieron, este se entretuvo un poco más. La estrella iba mucho más rápida y se entretuvo por ayudar a una familia que le necesitaba, por ayudar a alguien que durante años pidió que él, pues, le ayudara en la vida. Total que este Rey Mago tardó 33 años en llegar a Tierra Santa y llegó un mediodía en que las tinieblas se cernieron sobre Jerusalén y donde encontró un hombre crucificado.
Y este cuarto Rey Mago, dice la leyenda, que reconoció con el mismo corazón que aquellos tres Reyes Magos, reconoció en la cruz al Salvador del mundo y se convirtió en aquel que tuvo la misma emoción de reconocer a Cristo, la misma emoción que se encontró en el pesebre y la misma emoción que se encontró frente a la cruz. Hoy el día de la Epifanía quizá es un día donde Dios nos diría que se necesita un quinto, un sexto, un séptimo, pero que se necesita a cada uno de nosotros que hemos venido esta mañana complicada a esta catedral, que se necesita un rey mago más, con el tiempo que sea, con el ritmo que sea, cada uno a su ritmo y tiempo, pero se necesita alguien más, porque en definitiva de lo que se trata el evangelio de hoy, como hemos escuchado, es concretar.
Una vez que recibimos la palabra de Dios, hoy el diácono ha concretado cómo va a ser este año este seguimiento. Quizá hoy al salir de esta catedral tendremos que ir también con el corazón, con la concreción concreta, aunque sea redundante, pero con la concreción de cómo vamos a articular este descubrimiento de Jesucristo, que lo hemos descubierto en el suelo en Belén y que le hemos descubierto en la cruz como el último rey mago.
Si quieres ser el cuarto rey mago o el quinto o el sexto, lo primero que tienes que saber, que tendremos que saber es que necesitamos mirar las estrellas, necesitamos buscar los signos de Dios, porque para eso nos hemos estado preparando todo el Adviento, para eso nos hemos preparado en la Navidad. Si andamos demasiado ocupados en la tierra, nos perderemos la invitación que Dios nos está haciendo, porque Dios está llenando nuestra vida de estrellas y de signos, estrellas a veces muy ocultas, estrellas que no dan una luz excesiva, pero estrellas que nos dicen dónde está Dios. ¿Cuánto tiempo hace que no descubres las señales de Dios? ¿Cuánto tiempo hace que no miras al cielo o a la tierra para descubrir por dónde Dios te está guiando? ¿Cuánto tiempo hace que no atinas a descubrir lo que Dios te está pidiendo?
Nuestra vida está llena de estrellas brillantes, llena. El problema es que si la seguimos o no, porque lo segundo que necesita, el cuarto o el quinto o el sexto rey mago, lo que necesita es ponerse en camino. No basta con ver la estrella, no basta con mirar. La estrella siempre seduce, tira de nosotros, nos da esperanza, pero hay que dejar algo.
Los tres Magos de Oriente, los primeros, ellos dejaron su tierra. El cuarto
también, pero el cuarto también dejó su tiempo, dejó sus ocupaciones, hasta dejó el destino que él había fijado de ir con los otros.
Es verdad que tira de nosotros mucho la familia, el ambiente, lo que todo se dice. Esto que decimos, bueno, para seguir a Jesús esto no hay que ser tanto, ¿no? No hay que llegar a tanto, no hay que dejar tanto. Sin embargo, este año Jesús ha puesto su estrella. Seguro que la hemos descubierto en más de un momento y lo único que nos pide es que nos atrevamos a partir de hoy a ponernos en camino. Claro que para ser el cuarto, el quinto o el sexto Rey Mago no solo hace falta empezar, sino hay que caminar, pero encontrándose con los que buscan. Los cuatro, quintos, todos los Reyes Magos aprendieron que este camino no se hace solo. Es verdad que ahora todo el mundo habla de espiritualidad, pero la espiritualidad a la que nuestro mundo nos está invitando es excesivamente individualista, no es nuestra. Porque la espiritualidad del cristiano, del que se pone en marcha, del cuarto, quinto, sexto Rey Mago, es la espiritualidad del que va con otros.
Y cuando vas con otros, acompasas tu ritmo al de los otros, como Pedro y Juan ante el sepulcro, como la Iglesia ha hecho siempre, acompasar nuestro ritmo al de los otros, no solo al mío, esperar el que va muy rápido y agilizar el que va más lento. Caminar juntos es el antídoto para no ir a caminos que no nos llevan a ningún sitio. Hoy caminamos juntos. La iglesia siempre camina juntos. Y en este caminar juntos, el cuarto, el quinto, el sexto Rey Mago, lo que aprenden es que Dios siempre nos acompaña. Porque es muy bonito salir un día, ¿verdad? Pero la perseverancia, cuando lleguen los días del cole, cuando llegan los días de trabajo, cuando llega la vida normal, que ya queda poco, pero perseverar es aguantar las noches, aguantar cuando desaparece la estrella, recordar los compromisos del pasado. Jesús es exigente porque espera, pero implica también la perseverancia en el camino, el seguir cuando no lo sientes. Y el cuarto, el quinto, el sexto rey mago también necesita ir a eones alguna vez. Tendremos que preguntar y preguntar a todos, porque esta estrella se manifiesta a todos. No hay distinción.
La estrella estaba allí para Herodes, para los sacerdotes, para los magos, para los que estaban rezando en el templo. La estrella estaba allí y solo algunos, los que la vieron, los que dejaron algo, los que se pusieron en camino con otros, los que perseveraron y los que fueron a Herodes a preguntar, también para ayudar. Lo que pasa que qué contraste más bonito. Los magos caminando juntos. Herodes, los sacerdotes, los sabios allí instalados en el palacio, ellos no ven estrellas, ellos no se mueven. Están encerrados en sus miedos, en lo que ha pasado siempre.
Solo los magos son capaces de salir de ahí, de enterarse y de preguntar, pero solo son capaces de salir de ahí. Y por fin, queridos hermanos, el cuarto, el quinto o el sexto rey mago, si eres tú uno de ellos, necesitaremos, después de este camino, adorar. Adorar, no solo negociar ni sacar rédito, ¿no? Sino aprender a adorar. Se quedarían de piedra. Como se quedó de piedra el último rey mago. Esperaban ver a un dios, esperaban ver pues como ahora todas las películas que hacen, ¿no? Como esta de Avatar o cualesquiera de ellas que siempre nos presentan figuras espectaculares de la espiritualidad de Dios. Pues encontraron un niño y el otro encontró un crucificado como un malhechor. Pero estos aprendieron a adorarlo.
Amar a Dios es amarlo en lo sencillo y aprender a reconocerlo, reconocerlo en esta Eucaristía, hoy especialmente, reconocerlo en ese gesto, en esa persona, en ese momento de oración. Ahí es donde nos lo jugamos y ahí es donde nos jugamos la Epifanía. Por eso el cuarto, igual que todos los Reyes Magos, igual que todos los que queremos ocupar su puesto, al final le ofrecieron, le abrieron sus cofres: oro, incienso y mirra, oro porque reconocemos al rey de nuestras vidas y no hay otro, incienso por ser hijo de Dios y mirra para curar las heridas y porque le haría falta también en la cruz a ese niño. Hoy es un día para adorar y ofrecer.
Seguro que hoy la gente se hace muchos regalos, ¿verdad? Hoy es un día del regalo, de recoger los regalos de reyes. Pero el cuarto, el quinto, el sexto Rey Mago hacen regalos y se hacen regalo, aunque te llamen tonto, aunque otra gente no lo entienda, se hacen regalo porque abren su cofre. Y hoy, queridos hermanos, hoy abrimos nuestros cofres porque estas son nuestras epifanías. Esta misa, cuando salgamos, nuestra familia, a partir de ahora, estas son las epifanías. El mundo está lleno de epifanías y lo único que necesita es que seamos nosotros el cuarto, el quinto o el sexto Rey Mago. Porque hemos visto la estrella, porque hemos sido capaces de ponernos en camino, porque hemos sido capaces de ir con otros perseverando, porque hemos sido capaces de pasar por Herodes y preguntar y porque hemos sido capaces de adorar y ofrecernos nuestro oro, nuestro incienso y nuestra mirra. No dejemos de ser regalo para nosotros, porque esta es la mejor forma de celebrar el día de hoy. El mundo necesita muchos más Reyes Magos. El mundo nos necesita a todos nosotros y el mundo nos necesita como comunidad que sea regalo para nuestra sociedad y nuestro mundo. Pues celebremos con toda la intensidad del mundo, sabiendo que una estrella en cuanto salgamos de misa nos está esperando.