Vigilia Diocesana de Oración por la Paz

Palabras del obispo Vicente:

Queridos hermanos de las Iglesias Hermanas, gracias por acompañarnos. Da gusto el contar con vosotros siempre que celebramos una oración por la paz. Soléis estar con nosotros y eso también nos anima a todos. 

 

Hermanos y hermanas en el Señor, en medio de un mundo marcado por las guerras, los conflictos, las pobrezas, las polarizaciones, se nos invita a todos los cristianos y a las personas de buena voluntad a dejarnos alcanzar por la paz de Dios y al mismo tiempo ser constructores de paz.

 

Alegrémonos todos en el Señor, porque nuestro Salvador ha nacido en el mundo. Hoy desde el cielo, ha descendido la paz sobre nosotros. Así reza la antífona de entrada de la misa de medianoche de la natividad del Señor.

 

Cristo es nuestra paz, aquel que venció al odio y a la enemistad con el amor misericordioso de Dios. Por eso, el nacimiento del Señor es el nacimiento de la paz, predicaba San León Magno.

 

Esta paz nos dice el Papa León XIV en su mensaje para la 59 Jornada Mundial de la Paz, esta paz es un camino personal y comunitario que transita con diálogo, construyendo puentes en lugar de muros y promoviendo una cultura de la no violencia, afirmando que la paz es una presencia humilde que empieza en el corazón con la oración y el encuentro mutuo para superar la violencia y la polarización del mundo.

 

Hermanas y hermanos, la responsabilidad personal es el camino de la paz. Si cada uno de nosotros a todos los niveles, en lugar de acusar a los demás, reconociéramos ante los demás nuestras propias faltas, supiéramos pedir perdón y al mismo tiempo nos pusiéramos en el lugar de los que sufren, si fuéramos más solidarios con los más débiles y oprimidos, entonces si cambiaría el mundo.

 

La violencia engendra violencia, el odio engendra odio y la muerte más muerte. Tenemos que romper esa cadena que se presenta como ineludible.

 

Hoy más que nunca necesitamos una cultura de la paz. Para resolver los conflictos hemos de hacer siempre una opción. O escogemos la vía del diálogo y del mutuo entendimiento, o seguimos los caminos de la violencia y del enfrentamiento. Frente a esta cultura de la violencia, necesitamos promover una cultura de la paz. Estamos llamados a entendernos buscando honestamente soluciones justas para todos y crear un clima de diálogo social, promoviendo actitudes de respeto y escucha mutuos. 

 

De eso se trata, en palabras de León XIV, una paz desarmada y desarmante que rechaza la violencia y el rearme. Lo desarmada

significa no basarse en armas ni en el miedo, sino en el amor y la justicia. ¡Qué necesario es hoy desarmar, desarmarnos, desarmar las palabras y los gestos, a veces excesivamente agresivos y violentos. Lo desarmante implica sanar corazones, generar confianza y resolver conflictos desde la bondad y un compromiso vital y personal con la no violencia a nivel social, más allá de la diplomacia tradicional.

 

Jesucristo es nuestra patria, ante todo porque nos libra, nos libera del pecado y nos indica el camino a seguir para superar los conflictos. Sin un corazón libre de pecados, sin un corazón perdonado, no se puede ser hombres y mujeres pacíficos y constructores de paz. Él es nuestro salvador. Con su gracia, cada uno de nosotros puede y debe hacer lo que le corresponde para rechazar el odio, la violencia y la confrontación y practicar el diálogo, la reconciliación y la paz. El niño que ha nacido en Belén es el mismo Jesús que nos dice hoy, "La paz os dejo, mi paz os doy." Los cristianos hemos de preguntarnos qué hemos hecho de esa paz que el mundo no puede dar, pero necesita conocer.

 

A él imploramos justicia, paz y estabilidad para el Líbano, Palestina, Israel y Siria.

 

Confiando en estas palabras del profeta Isaías, la obra de la justicia será la paz y el fruto de la justicia, la tranquilidad y la seguridad para siempre. Encomendamos al príncipe de la paz todo el continente europeo pidiéndole que siga inspirándole un espíritu más comunitario, fiel a sus raíces cristianas y a su historia solidaria y acogedora. Oremos de una manera especial.por el sufriente pueblo ucraniano, para que cese el estrépito de las armas y las partes implicadas con el apoyo de la comunidad internacional encuentren el valor para dialogar de manera sincera y respetuosa al Dios que eligió la pequeñez y la vulnerabilidad como camino de encarnación.

 

Imploramos paz y consuelo para las víctimas de todas las guerras, especialmente de las más olvidadas y para quienes sufren a causa de la injusticia, la inestabilidad política, la persecución religiosa y el terrorismo: Sudán, Sudán del Sur, Mali, Burkina Faso y y la República Democrática del Congo.

 

El Niño Jesús inspire a quienes tienen responsabilidades políticas en América Latina para que al enfrentar los numerosos desafíos se le dé espacio al diálogo por el bien común y no a las exclusiones ideológicas y partidistas. Y ante la situación que atraviesa Venezuela en estos momentos. Pedimos al Señor su paz y discernimiento en medio de tanta incertidumbre para que el buen pueblo venezolano prevalezca por encima de cualquier otra consideración, llevando a superar la violencia y emprender caminos de justicia, garantizando la soberanía del país, asegurando el derecho, el estado de derecho y trabajando juntos para para construir un futuro sereno.

 

Al hacerse hombre, Jesús asume sobre sí la fragilidad, se identifica con cada uno de nosotros, con quienes ya no tienen nada o lo han

perdido todo, con los habitantes de Gaza, con quienes padecen hambre y pobreza como el pueblo yemení, con quienes huyen de su tierra en busca de un futuro en otra parte, como los numerosos refugiados y migrantes, con quienes han perdido el trabajo o con quienes lo buscan como tantos jóvenes que tienen dificultades para encontrar un empleo digno, con quienes son explotados como los innumerables trabajadores mal pagados.

 

Hermanos y hermanas, que llegue al corazón del Dios del cielo esta invocación de paz que brota de la tierra y de los corazones anhelantes de un mundo en paz, que sigamos cantando: Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. Que así sea.