POR UN COMPROMISO CRISTIANO EN EL TIEMPO DE LA CREACIÓN: DE LA CONVERSIÓN ECOLÓGICA A LA DEFENSA DE NUESTRA DIGNIDAD HUMANA Y LA SALVAGUARDA DE LA CREACIÓN.
El pasado martes 1 de septiembre, en comunión con las distintas iglesias cristianas que buscan la unidad en Cristo, inauguramos el TIEMPO DE LA CREACIÓN. Este período ecuménico, que se extiende hasta el 4 de octubre —fiesta de San Francisco de Asís—, nos convoca durante cinco semanas a elevar nuestra acción de gracias a Dios por las maravillas de su obra. Asimismo, es una llamada a tomar conciencia de nuestra responsabilidad como custodios de la Casa Común con su rica biodiversidad y legar un planeta hermoso y habitable a las futuras generaciones.
Este año el Tiempo de la Creación se enmarca en un contexto global profundamente complejo. La proliferación de conflictos bélicos y tensiones económicas, que involucran a las grandes potencias mundiales, está redibujando el mapa de la geopolítica global, alterando alianzas, las fronteras y sembrando desconfianza.
Nos encontramos ante un cambio de era. Vivimos en un momento histórico donde los poderes del mundo pretenden desechar los valores perennes del Evangelio, catalogándolos como «odres viejos». En su lugar, se nos intenta imponer aparentes verdades tecnocráticas e individualistas, siendo la Inteligencia Artificial, anestesiante del pensamiento y consumidora masiva de agua y energía, y el egocentrismo sus bases. Este modelo diluye el verdadero sentido del ser humano: una criatura sagrada, hecha a imagen y semejanza del Dios Creador, llamada a colaborar desde el amor y la fraternidad en el cuidado de la vida humana y la biodiversidad de la Creación.
Ante esta encrucijada, la Iglesia nos invita a discernir si estamos dispuestos a renunciar a nuestra esencia humana por una voracidad consumista que perpetúa la desigualdad. Hoy, más que nunca, resuenan las palabras de san Pablo: «la creación entera gime y sufre dolores de parto» (Rom 8, 22), anhelando la manifestación de los verdaderos hijos e hijas de Dios. Los cristianos, estamos llamados a ser artesanos de la paz y, por tanto, a desplegar toda nuestra capacidad evangélica para sanar las heridas humanas y ecológicas de nuestro lastimado mundo actual.
RETORNAR A LA FUENTE DEL EVANGELIO: EL PODER DEL AGUA VIVA Y LA PAZ DESARMADA Y DESARMANTE
Para lograr esta sanación, necesitamos retomar con urgencia las enseñanzas del Evangelio del amor. Este año, el lema ecuménico nos invita a focalizar nuestro compromiso desde dos imágenes profundamente proféticas: el agua viva que todo lo sana (cf. Ez 47, 9.12) y la promesa de un tiempo nuevo en el que las armas se transformen en herramientas agrícolas para el cuidado de la tierra y el sustento sostenible de la Creación (cf. Is 2, 4).
A lo largo de estas semanas, se nos exhorta a comprender de qué manera Cristo, la verdadera fuente de agua viva, puede redimir el mal que asola nuestro entorno si somos capaces de reconocerle y anunciarle verdadero Señor de nuestras vidas. Esto nos exige abrirnos con sinceridad a una existencia sobria y colaborativa en comunidad, fortaleciendo los lazos de la sinodalidad, alzando la mirada y contemplando la creación, con una conversión de corazón dirigida a la consecución de la paz y la justicia.
La imagen del agua posee una resonancia profética muy cercana para nosotros. A través de ella, gracias a nuestros lagos, embalses y pantanos, se ha podido combatir la devastación de los incendios forestales que hemos padecido este verano en España. Pero también corre el riesgo de ser contaminada por las cenizas y los nitratos que lleguen a sus cauces, si el ser humano no interviene adecuadamente sobre la tierra quemada.
Desde la Comisión Diocesana de Justicia y Paz de Madrid, como muchos madrileños, hemos vivido lo que significa el terror del fuego, la destrucción de miles de hectáreas lo que ha ocasionado paisajes devastados, flora y fauna calcinados.
Imágenes dañinas que claman a gritos un mejor acompañamiento de las poblaciones rurales y sus entornos naturales, cada vez más vaciados de vida. Por eso, debemos proteger nuestros suelos fértiles y nuestras fuentes de agua, así como la cultura rural de nuestros ancestros, elementos esenciales para rehabilitar nuestros montes y favorecer la sostenibilidad de la vida en la Tierra.
EL VALOR DE LA CONTEMPLACIÓN EN UN MUNDO DE RUIDOS
Vivimos en una sociedad saturada por la crudeza de la violencia que los telediarios y periódicos presentan diariamente, invisibilizando a menudo las innumerables obras de bien que se siembran silenciosamente en el mundo. Por ello, el Papa León XIV, en su reciente homilía durante la Santa Misa por el Cuidado de la Creación, nos dirigió una invitación providencial: parar, ponernos en «modalidad silenciosa» —prescindiendo por unos momentos del teléfono móvil— y recuperar nuestra capacidad de contemplar cuanto nos rodea.
El Santo Padre nos invita a dejarnos interpelar por el vuelo de las aves, el compás de las olas del mar, el murmullo pacificador de los arroyos y las fragancias estivales del jazmín, la dama de noche o el romero. Abrir el corazón al esplendor de lo creado nos purifica y nos devuelve nuestra verdadera vocación humana, la cual no consiste en la mera producción de riqueza material, sino en custodiar y cultivar los ecosistemas de este «huerto del Edén» que Dios nos confió.
Al contemplar la armonía y el espíritu colaborativo entre las distintas especies de la naturaleza, podemos redescubrir el hondo significado del legado que Jesús confió a sus discípulos: «La paz os dejo, mi paz os doy» (Jn 14, 27). Se trata de una paz desarmada y desarmante, auténtico manantial de agua viva capaz de hacer nuevas todas las cosas.
Te animamos a vivir intensamente este Tiempo de la Creación, redescubriendo nuestra identidad como mensajeros y constructores de la paz de Dios. ÚNETE A ESTA MISIÓN COMUNITARIA: SÉ CONSTRUCTOR DE PAZ Y CUSTODIO DE LA VIDA.
Carlos Jesús Delgado Reguera
Comisión Diocesana de Justicia y Paz Madrid